El de las y los quintanarroenses, así como el de los miles de turistas nacionales y extranjeros que hoy están disfrutando de

los inigualables atractivos del Caribe mexicano, es el que provocó un grupo de a lo mucho 10 personas, el cual, sin medir los perjuicios que ocasionaría, decidió bloquear la circulación vehicular sobre el bulevar Kukulcán en la Zona Hotelera de Cancún.
Y es que tal y como damos cuenta en la edición que tiene usted en sus manos, en un acto por demás reprobable e indignante, a eso de las 11:00 horas de ayer, los manifestantes colocaron una manta con sus exigencias sobre los carriles de retorno de la citada vía, en el kilómetro 11.5, desatando un caos vial de grandes proporciones que obligó a muchos turistas a esperar hasta hora y media para poder llegar a sus hoteles, esto sin contar con las afectaciones al transporte público, de personal y a numerosos guiadores.
En este sentido, y como es de suponerse, la inconformidad de cientos de usuarias y usuarios de las redes sociales no se hizo esperar a sabiendas de la pésima imagen que actos como este provocan en un destino de clase mundial como lo es Quintana Roo; sin embargo, esto pareció no importarle a los participantes de esta protesta quienes continuaron violando la Ley, en vez de acudir a las instancias correspondientes para canalizar sus inquietudes.
Al respecto, no se puede perder de vista que, incluso, autoridades de los tres niveles de Gobierno se apersonaron al lugar para tratar de conjurar el caos generado, pero los manifestantes continuaron alentando el mismo hasta poco antes de las 20:30 horas cuando por fin permitieron la libre circulación de vehículos.  
Con base en lo anterior, no queda más que condenar lo sucedido ayer en Cancún, ya que los participantes en esta manifestación pareciera que lejos de esgrimir una causa justa, lo único que buscaban era desestabilizar al Estado atacando flagrantemente a su industria turística, la cual, hoy por hoy, no sólo es el motor de nuestra economía, sino que representa el sustento diario de miles y miles de familias, algo que, por donde se le quiera ver, resulta inaceptable.
¿No lo cree así, amable lector?