La que busca fortalecer el acuerdo nacional para regular el uso de teléfonos celulares

y dispositivos electrónicos en las escuelas, cuya entrada en vigor este 3 de noviembre fue respaldada por las autoridades educativas de Quintana Roo, como parte de una estrategia para favorecer ambientes escolares enfocados en el aprendizaje, la inclusión y el desarrollo de niñas, niños y jóvenes.
Y es que, tal y como damos cuenta en la edición que tiene usted en sus manos, la disposición establece reglas diferenciadas según el nivel educativo. En educación básica, que comprende inicial, preescolar, primaria y secundaria, se restringirá por completo el uso de celulares, tabletas y otros dispositivos durante la jornada escolar, incluidos los recesos.
En este tenor, se contemplan excepciones cuando exista una finalidad educativa previamente programada y supervisada por docentes, así como por motivos de emergencia personal, discapacidad, accesibilidad, inclusión, salud o necesidades particulares. La intención es evitar que estos aparatos interfieran en las actividades y en la convivencia dentro de los planteles.
Al respecto, en educación media superior cada escuela definirá sus propias reglas mediante acuerdos con su comunidad educativa. Para educación superior, el acuerdo establece promover el uso responsable y seguro de teléfonos celulares y demás dispositivos durante la jornada, conforme a las decisiones de cada comunidad educativa. En caso de incumplimiento, las escuelas de nivel básico aplicarán las disposiciones del Marco de Convivencia Escolar, mientras que en los niveles medio superior y superior se establecerán acuerdos internos.
La medida fue impulsada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y respaldada por unanimidad por las 32 autoridades educativas del país, luego de una consulta nacional realizada del 24 al 28 de agosto, en la que participaron más de 500 mil figuras educativas.
Con base en lo anterior, no queda más que destacar que establecer reglas claras para el uso de la tecnología en las escuelas busca equilibrar sus posibilidades educativas con la necesidad de mantener espacios de atención, respeto y convivencia, en los que el aprendizaje siga siendo la prioridad.
¿No lo cree así, amable lector?