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Mafia reina en Cereso

Al descubierto, “jugoso” negocio de Delgado López con traslado de reos

Fernando OLVERA DEL CASTILLO

Una amplia y bien planeada red de corrupción que lo mismo está generando cuantiosas ganancias que severos perjuicios a los internos del Centro de Reinserción Social (Cereso) de Chetumal es la que opera actualmente el “flamante” titular de la Dirección de Penas y Medidas de Seguridad, Guillermo Miguel Antonio Delgado López, quien ha hecho de la venta de “privilegios”, “sobornos”, cobros por “derecho de piso”, pero particularmente de los traslados consensuados o no, un jugoso “negocio”.

Datos recabados por el que esto escribe confirmaron que el “consentido” de Jesús Armando Liogon Beltrán, aunque no es para sorprender dadas las circunstancias que lo rodean, a últimas fechas pasó de ser un simple servidor público a prácticamente un “magnate”, lo cual ha sido motivo de múltiples quejas y señalamientos que, lamentablemente, por temor a las ya conocidas represalias, en la mayoría de las veces se han quedado en el olvido al interior de las cuatro paredes que circundan el Cereso.
No obstante lo anterior, según se pudo averiguar, las “hazañas” del antes mencionado son tan escandalosas que ya tienen hasta la coronilla a los familiares de quienes han vivido en carne propia la prepotencia y la perversidad de este funcionario que, con la “escuela” que tiene en el otrora siniestro ex director de la Colonia Penal Federal de las Islas Marías, ha hecho de la dependencia a su cargo una verdadera “máquina” de hacer dinero con toda la clase de “bisnes” al margen de la Ley, siendo el más importante de estos, insistimos, dada la impunidad con que se está manejando, el de los traslados tanto a nivel estatal como a otras cárceles de la República, amén de los casos específicos en los que para evitar ser transferidos a penales de máxima seguridad, los reclusos han tenido que desembolsar entre 50 y 100 mil pesos, y, algunas veces, mucho más.
Los hechos no mienten, y es así como a últimas fechas se ha concretado el traslado de más de 30 internos, algunos de ellos, si bien de alta peligrosidad, también con una solvencia económica que ha sido debidamente aprovechada por Delgado López, y para muestra, los casos de conocidos integrantes de grupos delictivos como “Los Zetas”, “Los Pelones” y del “cártel del Golfo”, entre los que destacan, por citar ejemplos concretos, los sanguinarios sicarios Róger Gabriel Alfaro Pacheco, alias “El Humo”, y Víctor Raúl Ojeda Rodríguez, alias “El Dante”, quienes han sido prácticamente “paseados” entre el Norte y Sur del Estado, según los dispongan de acuerdo con sus particulares intereses, siendo que actualmente están en la cárcel de Cancún, donde la situación, según lo que se ha podido corroborar con los motines que se han suscitado, es por demás delicada.
Al respecto, es precisamente el caso de estos dos criminales el que ha encendido las luces de alarma sobre la “objetividad” y la “responsabilidad” con que Delgado decide la permanencia de los internos en tal o cual prisión, reforzando los rumores de que al interior de la Dirección que encabeza persiste una gigantesca maraña de complicidades y corrupción que, definitivamente, no puede seguirse tolerando.
Otro claro ejemplo de las irregularidades que se están dando podría ser el reciente traslado de Carlos Hernández Ramón, ex líder de la comitiva del autogobierno del Cereso, el cual fue regresado a Chetumal, supuestamente para enfrentar los cargos por la introducción de 40 kilos de marihuana, luego de que había sido llevado al penal de Playa del Carmen, a raíz del motín que se registró a finales de marzo pasado.
Aquí no se puede perder de vista que aparentemente fue ingresado al área de “Segregados II”, para que no existan confrontaciones con el actual líder de la comitiva, Heriberto Campos Martínez, alias “El Diablo”; sin embargo, su traslado no deja de llamar a la sospecha sobre lo que aconteció a su alrededor y bajo qué circunstancias fue autorizado.
Cabe destacar que, como si no bastara con lo antes señalado, también se habla del regreso al penal chetumaleño de otro conocido sicario del narcotráfico, nada más y nada menos que Raúl Alvarado Pacheco, alias “El Mamito”, quien supuestamente también enfrentará el mencionado proceso por la introducción de droga, junto con su ex jefe Hernández Ramón.
Así pues, estos movimientos misteriosos que se suman a los de otros internos cuyas posibilidades económicas son muy diferentes a las de los arriba mencionados, pero que también han tenido que pagar para poder enfrentar a la justicia cerca de sus familiares tanto en territorio estatal como en otras partes del país, han generado una creciente inconformidad entre la comunidad carcelaria, dado que si bien los traslados fueron establecidos contra el hacinamiento y en aras de garantizar la seguridad y la tranquilidad de quienes están privados de su libertad, hoy están siendo utilizados para el enriquecimiento ilícito de unos cuantos que, como Delgado López y sus “jefes”, tienen el poder en sus manos y lo ejercen sin detenerse a pensar en las graves consecuencias que pudieran presentarse.
Así pues, lo que está sucediendo al interior del Cereso de la capital del Estado es alarmante, ya que, insistimos, los perjuicios a quienes no tienen que ver con los intereses de la “camarilla” que controla la Dirección de Penas y Medidas de Seguridad cada día se agravan, sobre todo porque muchos, ante la difícil situación económica por la que estamos atravesando, no pueden darse el lujo de pagar por un ventilador, una televisión o por no hacer “talacha” o limpieza, amén de que tampoco están en condiciones de cubrir las cuotas que se han establecido para lo mismo poder vender hamacas, artesanías y licor, que acceder al área de visitas conyugales y disponer de una alimentación más digna.
Con base en lo anterior, se hace imperante poner fin a los “bisnes” de Guillermo Miguel Antonio Delgado López, toda vez que los mismos están generando un clima por demás enrarecido al interior del Cereso, primordialmente con los famosos traslados que, si bien tal y como dimos cuenta en esta entrega, para algunos resultan una “bicoca”, para otros representan múltiples implicaciones familiares y económicas que lo único que están provocando es una “bola de nieve” que a diario se alimenta con la impotencia, la inconformidad y la ira, ya que demasiado tienen con estar encerrados como para seguir siendo presas de la ambición de un servidor público que lejos de cumplir con la encomienda que tiene, se está enriqueciendo escandalosamente a sus costillas.