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¡No pierdan la fe!

Firme llamado de presbítero en tradicional homilía dominical

Alvar GONGORA

COZUMEL, 17 de agosto.- El padre José Ramón Gómez Marín reflexionó hoy sobre la compasión de Jesús pasa con sus hijos, que se refleja en el caso de una mujer pagana que acude a Jesús en busca de sanación para su hija, esto, durante la homilía de la misa dominical en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe.

“Hoy contemplamos la escena de la cananea: Una mujer pagana, no israelita, que tenía la hija muy enferma -endemoniada- y oyó hablar de Jesús. Sale a su encuentro y con gritos le dice: Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo”, expresó el padre.
“Ella no le pide nada, solamente le expone el mal que sufre su hija, confiando en que Jesús ya actuará. Jesús “se hace el sordo”. ¿Por qué? Quizá porque había descubierto la fe de aquella mujer y deseaba acrecentarla”, comentó el presbítero mientras parafraseaba el Evangelio.
“Ella continúa suplicando, de tal manera que los discípulos piden a Jesús que la despache. La fe de esta mujer se manifiesta, sobre todo, en su humilde insistencia, remarcada por las palabras de los discípulos: Atiéndela, que viene detrás gritando”, continuó el párroco en su homilía.
“La mujer sigue rogando. No se cansa. Este silencio de Dios, a veces, nos atormenta. ¿Cuántas veces nos hemos quejado de este silencio? Pero la cananea se postra, se pone de rodillas. Es la postura de adoración. El le responde que no está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros. Ella le contesta: Tienes razón Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”, agregó.
Esta mujer no se enfada, no le contesta mal, sino que le da la razón: Tienes razón, Señor. Pero consigue ponerle de su lado. Parece como si le dijera: Soy como un perro, pero el perro está bajo la protección de su amo”, dijo el padre.
“La cananea nos ofrece una gran lección: Da la razón al Señor, que siempre la tiene. No quieras tener la razón cuando te presentas ante el Señor. No te quejes nunca y, si te quejas, acaba diciendo: Señor, que se haga tu voluntad”, concluyó.