TULUM, 16 de julio.- Mientras Tulum atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente, el presidente municipal, Diego Castañón Trejo, ya perfila su siguiente objetivo político: Una diputación federal. La sola posibilidad abre un inevitable debate público: ¿Merece otra oportunidad quien deja un municipio sumido en una profunda crisis o primero debería responder por los resultados de su gestión?
Hace apenas unos años, Tulum era considerado la joya turística del Caribe mexicano, un destino que figuraba entre los más atractivos del mundo por su combinación de naturaleza, cultura y exclusividad. Hoy, la realidad es muy distinta. Comercios cerrados, hoteles con baja ocupación, calles deterioradas, basura acumulada, deficiencias en el alumbrado público, baches, servicios insuficientes y una percepción de inseguridad que afecta tanto a habitantes como a visitantes forman parte del panorama cotidiano, gracias a la ineptitud, arrogancia y la falta amor a la tierra que le dio la oportunidad de su vida al insensato Diego Castañón.
La crisis económica ha sido denunciada por empresarios y representantes del sector turístico, quienes advierten que la temporada alta dejó de reflejarse en la actividad comercial. Restauranteros, hoteleros y prestadores de servicios sostienen que la disminución en la llegada de visitantes ha golpeado severamente la economía local y exigen acciones urgentes para recuperar la competitividad del destino.
A ello se suma el impacto histórico del sargazo sobre las playas de Tulum, un fenómeno que ha reducido el atractivo turístico y que, según diversos sectores productivos, no ha encontrado una respuesta gubernamental a la altura del problema. Comerciantes consideran que la combinación de la crisis ambiental, la inseguridad y la falta de promoción mantiene al destino en una situación incluso más complicada que la vivida durante la pandemia de COVID-19.
Los señalamientos no terminan ahí. Diversos reportajes recogen denuncias de empresarios que aseguran ser víctimas de presuntas extorsiones atribuidas a autoridades municipales. Uno de los testimonios sostiene que "el derecho de piso ahora se lo tiene que pagar uno a las autoridades", además de denunciar presuntas irregularidades en inspecciones a establecimientos comerciales. Se trata de acusaciones de extrema gravedad que, de comprobarse, evidenciarían un entorno de corrupción que ahuyenta la inversión y profundiza la incertidumbre económica del municipio.
En el ámbito administrativo, las señales tampoco son alentadoras. La reciente renuncia del tesorero municipal, ocurrida después de un episodio de alto impacto público derivado de una detención en el Aeropuerto Internacional de Cancún, obligó al Ayuntamiento a nombrar a un nuevo responsable de las finanzas. Sin embargo, ese relevo tampoco estuvo exento de polémica.
A estos episodios se agregan cuestionamientos sobre el manejo de las finanzas municipales, adeudos con proveedores, el uso de recursos públicos y un estilo de gobierno que, para muchos ciudadanos, se apartó de los principios de austeridad que Morena ha enarbolado desde su fundación.
Mientras el municipio enfrenta una crisis financiera y de servicios públicos, Diego Castañón se traslada en avión privado durante sus viajes de fin de semana a Monterrey, una imagen que contrasta con el discurso de un gobierno cercano al pueblo y comprometido con el uso responsable de los recursos.
En un municipio donde comerciantes luchan por mantener abiertos sus negocios y proveedores esperan pagos desde hace meses, ese tipo de prácticas inevitablemente alimenta la percepción de un gobierno distante de la realidad que viven los tulumnenses.
La aspiración del insensato presidente municipal a una diputación federal, con la que pretende protegerse con el fuero, tampoco puede desvincularse del momento político que vive Tulum. Para muchos ciudadanos, antes que buscar un nuevo cargo, el munícpe tendría que responder por los resultados de una administración que deja severos cuestionamientos en materia de seguridad, turismo, servicios públicos, transparencia y finanzas.
Morena ha anunciado que sus candidaturas deberán distinguirse por la honestidad, la austeridad, el prestigio público y la cercanía con la gente. Será la dirigencia nacional la que determine si el desempeño del presidente municipal de Tulum corresponde a ese perfil o si, por el contrario, los tulumnenses merecen primero una explicación sobre el estado en que queda uno de los destinos turísticos más importantes de México. Porque una candidatura de elección popular no debe entenderse como un premio cuando existen cuentas públicas y políticas que aún esperan ser aclaradas.