En el ramo inmobiliario

 

Fernando olvera del castillo

TULUM, 29 de marzo.- El municipio, con inigualables atractivos y un estilo de vida relajado, es hoy un sitio

ideal para quienes buscan una segunda residencia o un destino vacacional permanente.
Sin embargo, una investigación de Bloomberg ha sacado a la luz una realidad preocupante: Cientos de compradores extranjeros han perdido sus ahorros en desarrollos inmobiliarios fraudulentos. El caso más emblemático es el de Akela Development Group, una empresa que comercializó al menos seis desarrollos en Tulum, prometiendo lujo y diseño boho chic cerca del mar.
Con acabados de parota, encimeras de granito, albercas y clases de yoga al amanecer, las propuestas parecían irresistibles. Pero, tras firmar contratos y pagar grandes sumas, los compradores descubrieron que las propiedades no existían o se construyeron sobre terrenos robados.
Al respecto, Erin Norris, trabajadora de tecnología, en Austin, Texas, pagó 107 mil dólares por un departamento en Solemn Skyview. Cuatro años después, no hay rastro del inmueble ni de los responsables de la empresa. Uno de los socios fue hallado muerto en una playa, otro supuestamente se suicidó, y el tercero huyó del país.
El caso de Tara Longwell, residente de San Antonio, Texas, también es muy ilustrativo, ella compró un departamento como una forma de conectar con su hijo fallecido, quien amaba la cultura maya.
Invirtió más de 160 mil dólares en un proyecto que prometía donar una vivienda a una familia necesitada por cada unidad vendida. Luego supo que el terreno pertenecía a otra persona.
En este sentido, la empresa Bloomberg reveló que muchos desarrolladores aprovecharon la falta de regulación en Quintana Roo para apropiarse ilegalmente de tierras. Otra de las afectadas, Liubov Prudkovskaya, dijo que Akela Development Group falsificó documentos para vender su propiedad, adquirida legalmente en 2004.
En ese contexto, la abogada Estrella Ríos, citada por Bloomberg, comentó que muchos desarrolladores no cuentan con estudios de suelo, permisos de construcción ni legalidad o certeza sobre los terrenos, pero sí con imágenes muy atractivas en redes sociales.  Esto, sumado a la alta demanda y la falta de supervisión, sustenta el ambiente perfecto para el fraude.
Estrella Ríos afirma que al menos dos veces al día recibe llamadas de nuevos clientes que fueron víctimas de desarrollos fantasmas. Otro ejemplo es Laguna Azul, un proyecto con 50 unidades iniciado en 2018, en el que 35 compradores invirtieron millones. El desarrollador Amir Neustdt detuvo la construcción alegando falta de fondos, luego hipotecó el terreno por 1.6 millones de dólares y desapareció. El acreedor se apropió legalmente del proyecto, lo rebautizó como Xunic Tulum y vendió las propiedades a nuevos compradores. Los afectados, como Martha Cardona, de Colombia, han iniciado demandas sin éxito.
Muchos han invertido años y miles de dólares en abogados, sin lograr recuperar sus hogares o su dinero. El abogado Francisco Siman, que representa a varias víctimas de Laguna Azul, estima que ha visto más de 100 casos similares en la región.  Menciona desarrollos revendidos varias veces, propiedades con hipotecas ocultas y edificios construidos sin permisos. La investigación de Bloomberg documenta que las autoridades locales han sido lentas o ineficientes para actuar.
La falta de digitalización en los registros y la complejidad legal del sistema mexicano han dejado a cientos de inversionistas extranjeros a la deriva. Con relación a lo anterior, cabe señalar que no todo fue negativo. Algunos compradores, como Juan Aura, recibieron sus propiedades a tiempo y pudieron rentarlas.
Pero, incluso, ellos vieron cómo el mercado cayó en 2022, debido al exceso de oferta y la disminución de turistas. El reporte en cuestión concluye que, aunque Tulum sigue siendo un destino atractivo, su boom inmobiliario fue tan acelerado que atrajo a desarrolladores sin experiencia, malintencionados o simplemente incapaces de cumplir sus promesas.
Para los compradores potenciales, la lección es clara: Investigar, verificar y desconfiar de ofertas demasiado buenas para ser verdad, si es que quieren perder su dinero irremediablemente.