CHETUMAL, 21 de marzo.- Mientras los seudo abogados Ramiro Hernández y Pablo Guzmán, continúan

lucrando con la especulación de tierras propiedad del Estado, a la Agepro, la instancia responsable de evitarlo, esto parece no importarle, y es así como a lo largo de los últimos años ha mantenido una postura pasiva, por no decir solapadora, ante este par de vivales que se están aprovechando de la buena fe de la gente.

Como se recordará, no contentos con haber invadido el terreno que se ubica en la avenida Universidad casi esquina con Ignacio Comonfort, propiedad de dicho organismo, los antes citados azuzaron a sus seguidores para intentar apoderarse de una propiedad privada que está contigua, sin embargo, no lo consiguieron.

Este viernes, los susodichos volvieron a intentar intimidar a los legitimos propietarios de este predio, utilizando a sus "inquilinos", pero, insistimos, no se salieron con la suya, siendo que los afectados, de inmediato, iniciaron el cercado de su inmueble para así evitar mayores contratiempos.

Pero, ¿cual es el estado que guarda el terreno de la Agepro invadido desde hace casi seis años?

En un recorrido se pudo constatar que el predio cuenta con viviendas terminadas y varias obras de cimentación que, definitivamente, no pudieron pasar desapercibidas para la Agepro, menos aún cuando este lugar fue asegurado en su momento por la Fiscalía General del Estado y, supuestamente, debería estar vigilado para evitar más invasiones.

Asimismo, la mayoría de dichas viviendas, las cuales, de ninguna forma pertenecen a personas en pobreza extrema, como lo han querido hacer creer tanto Ramiro Hernández como Pablo Guzmán, son de mampostería, siendo que, incluso, uno de los "inquilinos" se atrevió a construir una especie de castillo medieval en el lote que le vendieron.

Aquí vale la pena destacar que el precio de los lotes, según se pudo averiguar entre los propios invasores, fluctúa entre los 15 y los 45 mil pesos, siendo que todos disponen de energía eléctrica, fosa séptica, agua corriente y hasta Internet, lo que, definitivamente, no refleja la supuesta necesidad de quienes ahí habitan.

Como si no bastara con lo anterior, el predio tiene dos entradas, una por la avenida Universidad, la cual en varias ocasiones se ha dejado enmontar para que no llame la atención, y otra por lo que se conoce como una prolongación del andador Mariano Matamoros, en donde, inclusive, se han colocado postes de madera para dotar de los servicios ya citados a los invasores.

Sin lugar a dudas, resulta indignante que Ramiro Hernández y Pablo Guzmán continúen en la impunidad mientras la Agepro cierra los ojos.

Se hace imperante que esta instancia actúe, y pronto, para defender el patrimonio de las y los chetumaleños, hoy secuestrado por estos dos seudo abogados.