Su deceso consternó a Nicolás Bravo
Alvaro Ortiz Salamanca
A las cuatro de la tarde, trabajadores del cementerio del poblado de Nicolás Bravo dieron las últimas cucharadas a la mezcla de cemento para sellar la tumba en la que descansarán los restos de don Chuy; en el último adiós al hombre con el reconocimiento de ser el hombre más longevo de México con 121 años de edad, no hubo llanto, sólo rostros tristes y resignados por la pérdida de un entrañable amigo.
La noticia de su deceso consternó a esta comunidad de más de cuatro mil habitantes, quienes se turnaban para brindarle cuidados, se habían reunido el pasado 24 de octubre para celebrar sus 121 años de vida, ya se le veía agotado pero con chispa, la salud mermaba en un organismo que desgastado por el tiempo le costaba mucho esfuerzo responder a las atenciones.
El descenso de la temperatura hizo mella en don Chuy, quien murió el 20 de diciembre, cuando era atendido de un malestar derivado de neumonía e insuficiencia respiratoria en el Hospital General de Chetumal.
Hace 28 años, don Chuy y su esposa Fidencia Morales arribaron a Nicolás Bravo, después de largo peregrinar en el Occidente de la República Mexicana y deambular en el Sureste hasta finalmente en 1989 asentarse en esta comunidad del Estado de Quintana Roo; llegaron solos, sin amigos ni familiares pero pronto de integraron a la comunidad que siempre estuvo atenta de ellos.
Don Chuy, el hombre que a los 14 años de edad participó en la Revolución Mexicana, vivió el desarrollo y fin de este episodio histórico; el joven revolucionario y campesino de oficio toda su vida tuvo en 2015 el reconocimiento a nivel nacional como la persona más longeva de México, a través del Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam).
Este jueves de despedida muchas flores adornaron el féretro al centro de lo que fue su casa, permaneció dando tiempo para que llegaran a darle el último adiós antes de las cuatro de la tarde que lo llevaron al panteón. Su muerte congregó a amigos y vecinos así como a los últimos funcionarios federales y municipales que tenían la encomienda de estar atentos de él.
Jesús Castillo Rangel, originario de Soconusco, Chiapas, reconocido como el hombre más longevo de México fue enterrado en Nicolás Bravo, Quintana Roo, para quedarse por siempre con sus amigos entrañables.