Del hotel Grand Velas con autoridades como la Profepa

Christian TREJO

SOLIDARIDAD, 9 de diciembre.- La colocación de escolleras por parte del hotel Grand Velas a lo largo de 100 metros del litoral costero no es más que el reflejo de la corrupción que existe por parte de algunos empresarios y de las autoridades, pues a pesar de que se han hecho las denuncias correspondientes exigiendo el inmediato actuar de dependencias como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), estas simplemente se han dedicado a hacer “oídos sordos” ante este ecocidio, aseguró el ambientalista, Aniceto Caamal Cocom.

Tal y como dimos a conocer con oportunidad, las playas de la Zona Federal Marítimo Terrestre del citado centro de hospedaje están invadidas de “salchichas” o esolleras, cuyo objetivo es crear una alberca natural para sus huéspedes y por otro lado, contrarrestar los efectos de la erosión en sus playas; sin embargo, esta práctica ha afectado a otras partes del litoral.
Y es que tan sólo a escasos metros de las playas de este hotel hay un tramo de costa de aproximadamente 100 metros que prácticamente se quedó sin arena, como consecuencia de la colocación de estas barreras artificiales.
Al respecto, Caamal Cocom puntualizó que en efecto, la colocación de las escolleras está generando un terrible daño al litoral y muestra de ello son las zonas aledañas no sólo del hotel Grand Velas, sino también del Mayakoba y Porto Real, donde se ha demostrado que estas estructuras sólo generan la erosión en las zonas costeras colindantes.
“Aquí la responsabilidad recae directamente en las autoridades, por lo que se ha hecho la exigencia y el llamado a la Profepa para que ejecute las acciones pertinentes; sin embargo, lamentablemente existe un punto de desequilibrio y una omisión muy grave por parte de la misma, pues a pesar de los efectos adversos que este tipo de estructuras pueden ocasionar, permanecen intactas ocasionando severas afectaciones a los arenales y a los arrecifes”, asentó.
Del mismo modo, sostuvo que lo anterior es una clara muestra de los elevados niveles de corrupción que existen entre las autoridades federales y los empresarios hoteleros, ya que estos últimos saben cómo sobornar a los órganos reguladores para que les quiten los obstáculos y, con ello, aterrizar proyectos dañinos para el medio ambiente.
“La Profepa es una autoridad ambiental de letras, pero en los hechos es todo lo contrario, pues en lugar de proteger los recursos naturales de la entidad contribuye a perpetrar este tipo de delitos ambientales que, definitivamente, bajo ninguna circunstancia pueden seguir impunes”, concluyó el ambientalista.