En Acapulco, por huracán Otis

 

Ciudad de Mexico, 11 de noviembre.- El huracán Otis no sólo destruyó casas, hoteles,

restaurantes y comercios, también devastó la fauna y flora del puerto.

Los vientos de Otis dejaron pelones casi todos los cerros. Ahora lucen como si los hubiera arrasado un incendio forestal: Arboles secos, sin ramas ni hojas, sólo troncos y el concreto de las casas que quedaron en pie. La flora y fauna son también los grandes damnificados.

Son las 14:00 horas en Acapulco, el calor está en su punto más álgido, se suda a chorros. Esto no es raro en el puerto, es su clima regular; el problema es que ahora casi no hay árboles, hallar una sombra donde refugiarse es muy difícil.

Acapulco quedó a la intemperie, expuesto a la inclemencia del Sol. Para donde se mira hay igual láminas y postes que árboles tirados. Muchos árboles, gigantes, árboles muy antiguos están derribados.

El Parque Papagayo, que era uno de los pulmones verdes del puerto, con sus más de 22 hectáreas, quedó devastado, con miles de árboles caídos, lo que repercute en especies endémicas y aves migratorias.

En las playas es lo mismo: muchas palmeras están arrancadas desde la raíz, otras vencidas y unas son puros tallos. Desde la bahía, los cerros que la rodean se ven cafés, no hay ninguna mancha verde que ponga en evidencia un árbol.

Acapulco perdió mucha de su vegetación y eso ya está teniendo consecuencias. Octavio Klimek Alcaraz, académico, doctor en ciencias forestales y ambientalista, alertó de las consecuencias sociales a corto, mediano y largo plazos por los daños a la flora y fauna.

Consideró que en la reconstrucción de Acapulco forzosamente se debe incluir a la naturaleza, de no hacerlo los efectos serán graves, pues explicó que, de entrada, hay un desastre ecológico por la caída de miles de árboles que está provocando una alteración en la vida de las aves y otras especies.

“Los vientos tumbaron muchos árboles, quedó uno que otro parado, el huracán provocó la pérdida de espacios de vida de muchas especies, estas especies están en riesgo”, explicó el especialista.

Este fenómeno ya se percibe; por ejemplo, los primeros días, alrededor de las 6 de la tarde, cientos de aves volaban alrededor del Parque Papagayo en busca de los árboles donde se resguardan, pero estos estaban tirados.

Estos días también se ha visto otra imagen: ardillas e iguanas en las calles, fuera de su entorno natural, tal vez buscando vegetación.

A mediano plazo, afirmó Klimek Alcaraz, si no se atiende la devastación de la Naturaleza, el siguiente año, en la temporada de estiaje, se podría presentar un mayor número de incendios forestales a causa de tanta vegetación seca.

“Con la pérdida de árboles se perdió humedad en los suelos y el problema es que en Acapulco la vegetación está muy cerca de las zonas urbanas”, detalló el ambientalista. “No contemplar en la reconstrucción a la Naturaleza provocará el aumento de temperaturas y sequías más prolongadas”, alertó.

Klimek Alcaraz consideró necesario un trabajo duro en reforestación y restauración de árboles, así como en la prevención de los incendios, anticipándose con la elaboración de cortallamas.

Por su parte, el titular de la Procuraduría de Protección Ambiental del Estado de Guerrero (Propaeg), Carlos Toledo Manzur, advirtió sobre el aumento de temperatura en Acapulco debido a la devastación ambiental tras Otis.

“Los árboles generan oxígeno, consumen dióxido de carbono, pero además también generan un apoyo al microclima. Obviamente las temperaturas van a aumentar porque no hay árboles que generen sombra y disminuyan la temperatura, eso va a ser un problema terrible porque sí, la caída de los árboles es realmente un desastre”, dijo Toledo Manzur.