De agroquímicos, para cosechas seguras
Ulises ARROYO
JOSE MARIA MORELOS, 12 de junio.- El uso de insumos químicos en la actividad agrícola no debe ser satanizado
ni restringido de forma indiscriminada por las políticas públicas, siempre y cuando su aplicación se ejecute bajo estrictos criterios técnicos, con supervisión profesional y respetando las dosificaciones recomendadas por los fabricantes, afirmó el ingeniero agroecólogo, Jorge Alejandro Pacheco Cab, quien destacó que el uso correcto de estas herramientas es fundamental para mantener la competitividad de los productores del campo en la región.
El especialista compartió que recientemente concluyeron un proyecto experimental enfocado en la producción de chile en la Zona Maya, el cual arrojó resultados sumamente positivos tanto en rendimiento por hectárea como en la calidad final del fruto. Este ejercicio demostró que la combinación de conocimiento científico y buenas prácticas agrícolas puede generar altos beneficios económicos para los campesinos sin comprometer la salud de los consumidores finales ni causar afectaciones severas al medio ambiente.
Jorge Pacheco Cab detalló que el trabajo de campo se desarrolló específicamente con cultivos de chile Cat y chile dulce, variedades que lograron una cosecha favorable a pesar de los embates climáticos registrados durante el ciclo agrícola actual. El agroecólogo atribuyó este éxito al manejo adecuado de las cantidades y dosificaciones de los productos, permitiendo que las plantas resistieran el estrés hídrico y las plagas gracias a una nutrición y protección vegetal controlada.
Asimismo, sostuvo que uno de los principales problemas que frenan el desarrollo del agro local es el uso empírico e incorrecto de estos insumos sintéticos, derivado de la histórica falta de asesoría técnica especializada para las familias productoras. Explicó que, en muchos casos, los agricultores aplican fertilizantes y plaguicidas al tanteo, desconociendo las dosis requeridas por superficie o las etapas fenológicas específicas del cultivo en las que deben utilizarse, lo que suele derivar en pérdidas económicas, contaminación del suelo o problemas de residualidad en los alimentos.