De la miel de alta calidad que se produce
Ulises ARROYO
JOSE MARIA MORELOS, 9 de junio.- A pesar de consolidarse históricamente como uno de los epicentros
con mayor tradición y potencia apícola en la Península de Yucatán, el municipio de José María Morelos enfrenta una marcada paradoja social: Las familias locales consumen una cantidad mínima de la miel que ellas mismas producen. Esta preocupante apatía en los hábitos alimenticios locales mantiene en alerta a los productores y comercializadores del sector, quienes ven cómo un producto de exportación es relegado en las mesas de su comunidad.
La productora y vendedora de miel, Cinthia Dávila Sánchez, expuso que si bien la geografía morelense destaca a nivel internacional por la pureza, el aroma y el alto volumen de sus cosechas, la población nativa no ha logrado incorporar de manera habitual este endulzante natural dentro de su dieta básica diaria.
La comerciante detalló que el perfil del comprador local frecuente es sumamente escaso y son contados los clientes que acuden de forma regular para abastecerse del producto con la firme intención de sustituir los azúcares refinados en sus bebidas o alimentos cotidianos. “Son muy pocas las personas que regresan cada semana por una botella de miel. Cuando sucede, sabes que realmente la consumen en su café, té o agua diariamente”, manifestó con preocupación.
Cinthia Dávila calificó como una severa contradicción que en el corazón de una de las zonas con mayor densidad de colmenas del estado, persista un arraigo desmedido por el consumo de azúcar blanca procesada e industrializada, una preferencia que se replica incluso al interior de los hogares de las propias familias que se dedican formalmente a la apicultura. Esta dinámica provoca que los habitantes desaprovechen el arsenal de propiedades nutricionales, antibióticas y energéticas que brinda este insumo silvestre.
De acuerdo con las bitácoras de venta de los apicultores locales, la demanda de miel en el municipio únicamente registra picos estadísticos durante temporadas muy específicas, asociadas principalmente a festividades religiosas o culturales en las que se elaboran dulces tradicionales de la región o repostería típica, como los buñuelos. Una vez que concluyen estos festejos, el consumo se desploma drásticamente durante el resto de los meses, reduciendo la miel a un artículo de uso medicinal o puramente estacional.
Finalmente, la productora remarcó la urgencia de que las autoridades del sector agropecuario y de salud pongan en marcha campañas de difusión para fomentar una verdadera cultura del consumo local y concienciar a la población sobre las ventajas médicas de sustituir los químicos industriales por el dulce de las abejas. Sentenció que activar el mercado interno no solo representaría un blindaje de salud pública frente a enfermedades como la diabetes, sino que inyectaría una fuerte derrama económica directa que fortalecería las finanzas de cientos de familias campesinas que dependen del sector social apícola.