Del Día de Muertos, familias mayas
Arsenio NAHUAT MORALES
JOSE MARIA MORELOS, 31 de octubre.- Las costumbres y tradiciones que los abuelos nos inculcaron en estas fechas dedicadas a los muertos no han pasado inadvertidas, aunque ya no se cumple con la misma intensidad como hace algunos años.
Esta fecha, último del mes de octubre, es dedicada a los niños que han muerto, tal y como los ancestros mayas lo celebraban, en grande.
Para este día ya no hubo invitados al rezo dedicado a los niños, pues quienes lo celebraron lo hicieron de manera familiar, a raíz de la pandemia del covid-19.
La costumbre cimentada desde hace muchos años comienza con el rezo que se realiza a las cuatro o cinco de la madrugada, abriéndose las puertas de la casa para que entren los niños ya muertos, mayormente de lazos familiares.
Esta costumbre pocos realmente la llevan a cabo tal y como lo hacían las familias de los abuelos; de todas maneras quienes cumplen con esta costumbre, para el mediodía realizan otro rezo, pero ahora poniéndose en el altar la comida que consiste en tamalitos, especialmente preparado en honor a los niños muertos, además del merengue, la yuca, calabaza, plátanos, mandarina, jícama, dulces de diversos tipos y chocolate.
Las velas que se prenden para el rezo son puestos en candeleros de barro al igual la comida, y como es para los niños, también adornan la mesa con algunos juguetes que les gustó cuando vivían, caso concreto, el pito de barro con la figura de un pajarito.
Al término del rezo, a los asistentes (ahora fue sólo la familia) se les regala todo lo que es puesto en la mesa y posteriormente a degustar los sabrosos tamalitos.
Para este domingo el rezo será para los difuntos adultos.