Asociado con niveles más bajos de obesidad

 

CIUDAD DE MEXICO, 14 de agosto.- Un estudio del 2019 da luces sobre el lado bueno del consumo de vino tinto en el organismo de las personas.


El King’s College de Londres ha descubierto que las personas que beben vino tinto tenían una mayor diversidad de microbiota intestinal- signo de salud intestinal- en comparación con los bebedores de vino no rojo, así como una asociación con niveles más bajos de obesidad y colesterol “malo”.
Si bien este estudio reconoce algunos beneficios, este tipo de investigaciones no se han a gran escala y los factores asociados siguen siendo materia de investigación.
En el artículo publicado por la revista ‘Gastroenterology’, un equipo de investigadores del Departamento de Investigación Gemela y Epidemiología Genética del King’s College de Londres exploró el efecto de la cerveza, la sidra, el vino tinto, el vino blanco y los licores en el microbioma intestinal y la salud posterior más de 3 mil personas de Reino Unido, Países Bajos y Estados Unidos.
Descubrieron que el microbioma de los bebedores de vino tinto era más diverso en comparación con los que no lo beben. Esto no se observó con el consumo de vino blanco, cerveza o licores.
La primera autora del estudio, la doctora Caroline Le Roy, explica que, “si bien conocemos los beneficios inexplicables del vino tinto en la salud del corazón, este estudio muestra que el consumo moderado de vino tinto está asociado con una mayor diversidad y un intestino más saludable microbiota que explican en parte sus efectos benéficos debatidos durante mucho tiempo en la salud”.
El microbioma es el conjunto de microorganismos que residen en el intestino y se sabe que juega un papel importante en la salud humana. Un desequilibrio de los microbios ‘buenos’ en comparación con los ‘malos’ en el intestino puede provocar problemas de salud, como la reducción del sistema inmunológico, el aumento de peso o el colesterol alto.
Así, el equipo observó que la microbiota intestinal de los consumidores de vino tinto contenía un mayor número de especies bacterianas diferentes en comparación con los no consumidores. Este resultado también se observó en tres cohortes diferentes en el Reino Unido, Estados Unidos y los Países Bajos. Los autores tomaron en cuenta factores como la edad, el peso, la dieta regular y el estado socioeconómico de los participantes y continuaron viendo la asociación.