De tratamiento para el Párkinson
Ciudad de Mexico, 25 de abril.- La Organización Mundial de la Salud señala que la prevalencia
de la enfermedad de Párkinson durante los últimos 25 años se ha duplicado. En 2019 se presentaron alrededor de 329,000 fallecimientos, equivalente a un aumento superior al 100% en comparación con el año 2000.
La enfermedad de Párkinson es un padecimiento degenerativo en el cerebro, que se relaciona a los síntomas motores de la persona, quien se verá afectada con lentitud en sus movimientos, rigidez, desequilibrio, trastornos al caminar o temblores, entre otros. Esta enfermedad se va haciendo notar muy lentamente y la persona que vive con Párkinson puede empezar a percibir un leve temblor en una de las manos, aunque es importante mencionar que no solo se manifiesta así.
El Párkinson comienza cuando las neuronas no logran producir la cantidad necesaria de dopamina, un tipo de neurotransmisor del sistema nervioso central que ayuda a regular las funciones del movimiento, emotividad y afectividad.
Cuando los síntomas se van volviendo más notorios, las personas comenzarán a tener una mayor dificultad en las actividades cotidianas como caminar, masticar y tragar, hablar o dormir.
No existe un momento exacto en la vida de las personas para que aparezca esta enfermedad, pero es frecuente que se presente alrededor de los 60 años, aunque existen casos de personas mucho más jóvenes con este diagnóstico. Además, y aunque se presenta tanto en hombres como en mujeres, hay una mayor prevalencia hacia los hombres.
Cada persona presenta signos o síntomas de Párkinson de una manera diferente, al inicio es común que los síntomas sean leves e incluso, pasen desapercibidos, pero con el paso del tiempo estos aumentarán en intensidad y se pueden presentar nuevas situaciones, señala el Dr. Alfonso Arellano Reynoso, neurocirujano funcional y coordinador quirúrgico de la Clínica de Trastornos del Movimiento del Centro Médico ABC.
Dentro de los signos o síntomas más frecuentes se encuentran los temblores o las sacudidas rítmicas, que generalmente se presentan en alguna extremidad manifestándose en los dedos o una de las manos. Es frecuente que el temblor esté presente cuando la mano está en reposo y que cuando se realiza alguna actividad este temblor desaparezca o disminuya.
Además, al afectar la función motora de la persona, esta puede percibir cómo sus movimientos se vuelven más lentos y cortos, por ejemplo, notará que sus pasos son más pausados y cortos, que arrastre los pies mientras camina o que se le dificulte ponerse en pie.
El equilibrio y la postura también se comienzan a deteriorar, por ello, la persona puede adoptar una postura encorvada y con riesgo o tendencia a caerse por la falta de equilibrio.
Asimismo, al prestar atención en los detalles, también se puede percibir en las personas con Párkinson que hay un cambio o pérdida en sus movimientos automáticos como: parpadear, mover los brazos al caminar o los gestos faciales; el habla también se verá alterado y puede hacerse más suave, más rápido o volverse monótono y sin entonación. Escribir es otra actividad que frecuentemente se ve afectada, volviéndose más difícil hacerlo e incluso, el tamaño de la letra se vuelve más pequeña.
Debido a que los síntomas de la enfermedad de Párkinson se pueden confundir con otros padecimientos o enfermedades, es importante que, si percibes en ti o en algún familiar uno de estos signos, te acerques con los especialistas en tratar este padecimiento para iniciar el protocolo de diagnóstico y, en caso de que sea positivo, se empiece con el tratamiento lo antes posible.
Al hablar de opciones avanzadas, sin duda, la cirugía es una alternativa de tratamiento para aquellos pacientes que ya han agotado el uso de medicamentos para disminuir los temblores de Párkinson o que los movimientos involuntarios son de gran intensidad.
Uno de los principales tratamientos quirúrgicos contra el Párkinson es la estimulación cerebral profunda, también conocida como ECP o bien, como un marcapasos cerebral. Esta terapia ayuda a combatir algunos síntomas del movimiento de la enfermedad y mejora el sueño, el dolor y la urgencia de orinar, por ejemplo. Algo que es importante tener en cuenta es que este tipo de tratamiento no significa curar el Párkinson, pero sí permite mejorar la calidad de vida de las personas.