LOS ANGELES, 3 de agosto.- El cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu muestra su mirada íntima y profunda sobre los inmigrantes indocumentados en “Carne y arena”, una obra de realidad virtual que, tras su paso por Cannes, se exhibe en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA).
“Mi intención ha sido experimentar con la tecnología de la realidad virtual para explorar la condición humana en un intento por romper con la dictadura del marco dentro del cual las cosas son solamente observadas”, indicó el director en un comunicado.
La experiencia comienza mucho antes de llegar al LACMA. Los boletos de ingreso se agotaron prácticamente desde la apertura de la exhibición y los interesados tienen que insistir por semanas para lograr ponerse, por unos 20 minutos, en los pies de un inmigrante.
Ya en el museo, quienes se preparan para ingresar comentan sobre la ansiedad de la espera, un sentimiento que se prolongará varios minutos después de ingresar por una puerta que da acceso a un cuarto helado donde el público tiene que quitarse los zapatos y sentir el frío que cala hasta los huesos.
“Nunca había sentido un frío como este, no venía preparada para esta temperatura”, confió la mexicana Marilú Mesa.
Como en la mayoría de sus filmes, en “Carne y arena (Virtually present, Physically Invisible)” González Iñárritu abre el camino para que sus espectadores vivan una experiencia personal y reflexiva sobre el tema que propone.
En el cuarto frío que se asemeja a una de las celdas de los centros de detención de inmigración conocidas como “hieleras” comienza el proceso reflexivo.
La desnudez de los pies de los asistentes contrasta con las decenas de zapatos que están regados por el piso. Son zapatos que pertenecen a inmigrantes que pasaron por el desierto de Sonora, en Arizona.
Hay de todas las tallas, colores y diseños. Muy pocos tienen su par. El corazón se estremece al imaginar lo que le pudo ocurrir al dueño de una zapatilla blanca, que por tamaño le correspondería un niño de unos dos años.
Mientras la mirada se concentra en los zapatos y en los artículos para llevar el agua, el frío comienza a hacer de las suyas y obliga a muchos a caminar alrededor para tratar de sobrellevar la temperatura. Un sonido extraño y una alarma aumentan la tensión sobre lo que pasará del otro lado de la pared.
Una luz roja y un sonido agudo avisan que es el turno para sumergirse en la experiencia virtual. Tras la puerta de metal se descubre un espacio oscuro lleno de arena.
En la mitad de este lugar el visitante recibe una mochila, unos audífonos y un casco especialmente diseñado para ingresar en una realidad virtual que nadie espera.