La de la diputada local del PRI, Candy Ayuso Achach, es la que sorprendió a propios y extraños en las últimas horas,
ya que si bien hace seis años dijo tener gastroenteritis para no asistir al reparto de comisiones de la entonces XV Legislatura, poniendo a su partido contra la pared, lo cierto es que anteanoche, durante el primer informe de gobierno de la presidenta municipal de Solidaridad, Lili Campos Miranda, se pasó de viva.
Y es que en un hecho inédito, lo mismo que enteramente vergonzoso, la antes citada, en el marco de dicho acto solemne y sin un dejo de cordura, se adjudicó la representación del presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política de la XVII Legislatura del Congreso del Estado (Jugocopo), Renán Sánchez Tajonar, la cual, desde varios días antes le había sido otorgada, vía oficio como marca el protocolo, a la diputada del Partido Verde, Estefanía Mercado Asencio, lo cual, como era de esperarse, no sólo incomodó a los anfitriones, sino también a los invitados.
En este sentido, no se puede menos que condenar que Ayuso Achach, por el simple afán de figurar, no sólo se haya aprovechado de la cortesía de quienes conforman el Cabildo de Solidaridad para asumir un papel que no le correspondía, sino que, con pleno conocimiento de causa, haya incurrido en una situación que, más allá de una “confusión” o un “malentendido”, constituye una descarada falta de respeto a las normas que rigen la sana convivencia de todos los que, al día de hoy, forman parte de la escena política local.
Al respecto, no se puede perder de vista que, además de haber ostentado la dirigencia estatal del PRI, Ayuso Achach por segunda vez está ocupando una curul en el Poder Legislativo, de ahí que cualquier argumento que pretenda esgrimir para justificar este yerro resulte insuficiente, más aún cuando se supone que ya cuenta cuando menos con una pizca de oficio político y sabe perfectamente cuáles pueden ser las consecuencias de sus actos.
Con base en lo anterior, no queda más que esperar que Ayuso Achach lo piense muy bien antes de volver incurrir en un hecho como este que no sólo denota su marcado protagonismo, sino que, definitivamente, no tiene cabida en los nuevos tiempos democráticos que hoy está viviendo Quintana Roo.
¿No lo cree así, amable lector?