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La de la Gobernadora del Estado, Mara Lezama Espinosa, es la que, una vez más, quedó demostrada durante el paso de “Helene” por Quintana Roo, el cual dejó un saldo blanco.


Y es que tal y como damos cuenta en la edición que tiene usted en sus manos, la titular del Ejecutivo, con base en el indiscutible liderazgo y tenacidad que la caracterizan, no solo mantuvo una estrecha coordinación con el Ejército y la Marina, así como con todos los cuerpos de auxilio, emergencias y Protección Civil para salvaguardar la integridad de la población y de los miles de turistas que nos visitan, sino que dio puntual seguimiento al desplazamiento del meteoro y estuvo al pie del cañón en las labores de recuperación, misma que, con base en el intenso trabajo que se hizo desde días antes de la contingencia, fue enteramente rápida y segura.
En este sentido, no se puede perder de vista que la sensibilidad de la mandataria, quien está acostumbrada a anteponer el beneficio de su gente, por encima de cualquier coyuntura, la llevó a coordinar en el mismísimo lugar de los hechos tanto la liberación de vialidades ante los numerosos árboles que sucumbieron ante la fuerza de “Helene”, como el desazolve de pozos y alcantarillas, el auxilio a numerosas personas que así lo requirieron, además del restablecimiento de los servicios públicos, entre estos, el suministro de electricidad, agua potable y transporte.
Al respecto, no se puede perder de vista que Lezama Espinosa estuvo muy al pendiente del resguardo y la atención a los turistas nacionales y extranjeros que permanecieron en la entidad durante el paso del fenómeno, procurando la reactivación del aeropuerto de Cancún y del transporte terrestre y marítimo tan pronto como fue posible, lo cual, sin lugar a dudas, no puede menos que reconocerse.
Con base en lo anterior, y así hay que decirlo, no queda más que resaltar que hoy Quintana Roo, gracias a los esfuerzos que encabezó la Gobernadora, dio muestra no sólo de su resiliencia, sino de lo que verdaderamente se tiene que hacer para que un meteoro como “Helene” pueda transcurrir sin contratiempos y, sobre todo, sin cobrar una sola vida.
¿No lo cree así, amable lector?