Merecido.

Es el que por fin le dieron los ejidatarios de Calderitas al ex director del Consejo Estatal de Población (Coespo), Rubén Ortiz Luis, al anular todas las funciones que en su momento le encomendaron y aplicarle una sanción de un año sin voz ni voto al interior del núcleo agrario, por considerar que, amén de que atentó contra las garantías del mismo, es hoy por hoy el principal responsable de que la compra-venta de 500 hectáreas de terrenos de uso común con un consorcio tabasqueño esté a punto de derrumbarse.

Y es que en el marco de una “candente” asamblea, el citado ex funcionario fue llamado a cuentas para que explique lo relativo a la depuración del padrón que estaba bajo su responsabilidad; sin embargo, le fue como en feria, ya que lejos de convencer a sus interlocutores acabó sacándolos de sus casillas al afirmar que únicamente 48 personas no deberían figurar, cuando es de todos conocido que la cifra asciende a más de 150 que ya fallecieron, o bien cedieron sus derechos.
Pero ahí no paró la cosa, ya que fueron precisamente esas personas a las que calificó como “inexistentes” las que, presentes en esta reunión, lo pusieron en evidencia al demostrar que la mencionada “revisión” no sólo fue amañada, sino también se realizó con dolo, dado que están en pleno uso de sus facultades como miembros del ejido.
En este sentido, y al verse descubierto, Ortiz Luis, fiel a su estilo, intentó “reventar” la asamblea no sólo empujando a uno de sus “incondicionales” para que se liara a golpes con uno de los presentes, sino que llegó al grado de asumir el papel de “víctima” aduciendo que el trabajo que realizó fue claro y transparente, lo que, como es de suponerse, nadie le creyó.
Al respecto, y una vez salvado este “inconveniente”, los comuneros determinaron verificar de nuevo el padrón a fin de que aquéllos que tienen problemas en su proceso de certificación ante las instancias agrarias, puedan regularizarse.
Con base en lo anterior, no queda más que subrayar que una vez que se han quitado a este “alacrán” de encima, bueno será que los ejidatarios se aboquen a recobrar la armonía en esta demarcación y, más importante aún, que tomen las medidas necesarias para que, nunca más, su patrimonio sea puesto en peligro.
¿No lo cree así, amable lector?