Cara.

Es la que debería de dar cuanto antes el ex titular de la delegación estatal de la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción, Luis Roger Espinosa Rodríguez, como el principal responsable del caos que actualmente envuelve a este organismo, el cual, aunque algunos se nieguen a creerlo, está a punto de convertirse en una simple “representación” del de Yucatán, lo cual resultaría sumamente lamentable.

Y es que no obstante la postura que ha asumido su sucesor Raúl Villanueva Argüelles, en aras de proteger cada una de sus tropelías, se hace imperante que a la brevedad posible, el ya mencionado sea llamado a cuentas para responder por sus turbios manejos financieros, los cuales hoy tienen a la CMIC prácticamente en la quiebra y en medio de una guerra “fraticida” en la que, para no variar, los más perjudicados siguen siendo los constructores quintanarroenses.
En este sentido, no se puede perder de vista que fue durante una asamblea que se realizó el pasado mes de enero, cuando salieron a relucir todas las “hazañas” del ya mencionado, entre estas, un pasivo por “gastos de promoción” que en tan sólo siete meses alcanzó la suma de más de dos millones de pesos, lo que a la postre motivó que sus cuentas fueran rechazadas con 125 votos en contra y apenas 26 a favor.
Al respecto, no se puede dejar pasar que supuestamente se crearía una “comisión especial” para investigar este desfalco, siendo que a la fecha nadie sabe qué fue lo que se encontró, toda vez que Villanueva Argüelles ha aguantado estoicamente todo lo que se le ha venido encima, en aras de que a su antecesor no se le toque “ni con el pétalo de una rosa”.
Aquí no se puede menos que subrayar que Espinosa Rodríguez, aduciendo que “a cada rato sale de viaje”, no ha querido emitir declaración alguna sobre el “pendiente” que dejó en sus cuentas, al cual se suma el robo de los famosos 150 mil pesos que a final de cuentas desataron la “hecatombe”.
Con base en lo anterior, sólo queda preguntarse: ¿Qué están esperando los socios de la CMIC para meter orden? ¿Acaso están de acuerdo en que su patrimonio siga en juego? O peor aún, ¿que el organismo que los representa acabe reducido a nada? Lamentablemente y como están las cosas, todo parece indicar que las respuestas seguirán en el aire.
¿No lo cree así, amable lector?