Todo lo contrario a la muñeca

Así vive Barbara, quien sirvió de inspiración para Barbie

 

LOS ANGELES, California, 10 de marzo.- Se puede decir que Mattel, la compañía de juguetes más grande del mundo, nació en una pista de baile en Denver, Colorado. Sus fundadores, Elliot y Ruth Handler, se conocieron en 1932 en una fiesta de

adolescentes en su ciudad natal antes de mudarse a California, contraer matrimonio seis años más tarde y montar una compañía -junto con Harold Matt Matson- que hoy vale cinco mil millones de dólares  y emplea a 25 mil 800 personas en todo el mundo.
Dos años después de abrir sus puertas, en 1947, la empresa dio en el blanco por primera vez con un ukelele que bautizaron Uke-A-Doodley y que se vendió como pan caliente, el preludio del mayor acierto de todos, la Barbie. Hoy se cumplen 60 años de la presentación en sociedad de la muñeca rubia universal en el salón del juguete de Nueva York, un fenómeno que hizo millonarios a los dos herederos del imperio, que aún viven.
Barbara ‘Barbie’ Handler Segal, que hoy tiene 77 años (su hermano Ken falleció en 1994 de un tumor cerebral) aplaude el espíritu empresarial de su madre, que impuso la idea de una muñeca sofisticada y moderna cuando nadie daba un duro por ella en una atmósfera machista. Sin embargo, ambos renegaron del vínculo y el estigma negativo con el que han tenido que cargar toda su vida. “Si la muñeca es como yo, es pura coincidencia”, explicaba Segal en una entrevista con The New York Times hace años. “No es como yo soy”, pese a que su madre se inspiró en ella -y después en su hermano- para lanzar a Barbie y  Ken (tres años más tarde) al mercado.
Barbie es muy discreta
Barbara ha tratado de sacudirse de encima la sombra de la muñeca más vendida de la historia de Mattel, casi desde que a su madre se le ocurrió ponerla en circulación en 1959.
Ella misma argumenta que su perfil es muy diferente, que nunca ha sido versátil como la Barbie -ya saben, enfermera, bombera, piloto, soldado y una retahíla interminable de profesiones durante décadas- y que toda su vida ha preferido volar bajo el radar, alejada de la prensa y el ojo público en general.
Vive en Los Ángeles, es aficionada al golf, al esquí, al tenis y a “intereses bastante normales”, en sus propias palabras. “La muñeca no la moldearon a mi imagen. Eso es una idea equivocada, pero la gente piensa que sí es así. Sólo es una muñeca y no era mi vida”, aseguró.
Lo suyo discurrió por un camino menos exótico y aventurero, por un matrimonio a los 18 años y dos hijos fruto de esa relación. El divorcio le llegaría 11 años después, libre para empezar su propio negocio. Ella y un socio abrieron una tienda con ropa de cama que duró una década. Tras la aventura, se sumergió en su pasión por el golf y en disfrutar del tiempo libre.
De joven reconoce que odiaba que la identificaran con la muñeca, ambas de rubia cabellera. “Estoy cansada de ser la Barbie”, explicaba en una entrevista en Los Angeles Times de 1989, entonces con 47 años. Reconocía que como adolescente no le interesaba nada llevar la mejor ropa o tener acceso a los mejores coches, acostumbrada a que la vieran como la Barbie de la vida real. “Solía alejarme cuando me decían eso”. Ahora ya está acostumbrada.
Y agradecida por el tipo de vida que ha podido llevar, instalada en una de las mejores zonas de Los Ángeles, Brentwood. Curioso es que la Barbie tampoco le hiciera mucha gracia a su hija Cheryl y que cuando saliera al mercado ella ya no tuviera edad para muñecas. “Sé que suena un poco tonto, pero no estoy muy familiarizada con la Barbie para nada”.
Ken fue todo lo contrario al muñeco
Es una relación y sentimiento parecido al de su hermano Ken, que dedicó gran parte de su vida a la inversión inmobiliaria en Nueva York. Su forma de ser, decía, estaba en las antípodas del novio de Barbie. “Ken es un muñeco de Malibú”, explicaba. “Va a la playa y hace surf. Representa toda esa perfección americana”, lo contrario que él, aficionado al piano y a ver películas con subtítulos. “Era un nerd, un verdadero nerd. Todas las chicas pensaban que era un tonto”.
Una vida de lujo gracias al empuje y la determinación de Ruth Handler, fallecida en 2002. “Fue una pionera de su tiempo, ayudando a que las mujeres tuvieran éxito y se hicieran fuertes en ese momento”, recuerda su hija. “Ella era fuerte, una persona que se desvivía por ayudar a los demás”, con la determinación suficiente para añadir la Barbie a la colección de juguetes de Mattel.

“La mayoría de los hombres en la empresa no pensaron que sería una buena idea”, indica. “Pero ella siguió adelante”. Mil millones de muñecas vendidas después, ahí sigue dando guerra, tan cool y coqueta como siempre.

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